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Mostrando entradas de abril, 2014

Península Poesía I (Confieso que he leído VII): Marina Tsvietáieva, Antología Poética.

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No recuerdo bien como llegaste a mí, quizás la casualidad, o el acierto de una página abierta al azar. Te quedaste para siempre, en mi corazón donde circundaban tus versos y en mi mente, preguntándote en cada lectura por el sufrimiento que guiaba tu pluma. 

No eras conocida, de hecho no estoy seguro de que aún ahora lo seas para los lectores en mi lengua. De tu ruso a mi castellano, el giro es acrobático y casi mortal, y pocos logran caer de pie. Pero merece la pena el esfuerzo de entenderte, de caminar a tu lado por la biografía que dejaste escrita en versos inesperados, desgarradores, profundos. Me pregunto a menudo qué pasó por tu mente al elegir el nombre de tu hija, buscando algo en común contigo, un afecto, un sentimiento compartido que uniera nuestros tiempos con la esperanza de creerte cercana.


   Es todavía nueva la angustia que me recorre cuando leo tu alma, desgranada en tus poemas. La pasión de madre no la diluye el tiempo, más bien la acrecienta a mis ojos. 

(A Ariadna, su …

El druida errante II: el Muro de Berlín

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Ayer anduvimos por Berlín. Huele a historia reciente, a hechos que ocurrieron y que sólo conocíamos por libros y documentales, donde casi nunca te cuentan como la gente sufre lo que los gobernantes deciden. Nos impresionó el Muro de Berlín y su historia, conocida de oídas, sobre todo al ponerle cara, nombre y apellidos a las víctimas que se cobró. Tomamos consciencia de vidas partidas en dos, de barreras levantadas en la propia tierra de sus habitantes por poderes extraños a ella. Se ha hablado largo y tendido de las barbaries del Tercer Reich con el pueblo judío, pero no lo suficiente de las sufridas por el pueblo alemán y más concretamente berlinés a manos del monstruo soviético. De un día de turismo maravilloso que fue ayer, nos volvimos a Hameln con la alegría contenida de haber rendido un pequeño homenaje a un pueblo maltratado.

   Nos dolió especialmente el mosaico fotográfico donde al trasluz del sol, se pueden ver las fotos de las víctimas que lo fueron del Muro. No se tra…

Obituario: Gabriel García Márquez, Oh Gabo.

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Me da pena que te vayas, Gabo. Y no voy a decir ahora que eras uno de mis favoritos, como harán muchísimos que ni siquiera abrieron una de tus páginas. Incluso, discrepo en tu forma de entender el español, ya que tu luchabas por una ortografía y gramática laxas, mientras que este servidor, quizás por mi ignorancia, siempre ha pensado que la corrección de las formas debe ser la base de la belleza literaria.

Pero ello no me impide ser consciente de la importancia de tu obra y tu persona. "Crónica de una muerte anunciada" me despertó a tu mundo, desconocido hasta entonces. Mucho magisterio habitaba en tus manos para comenzar una historia por el final, y que no decayese la narración en ningún momento. Me pareció una pequeña maravilla, propileo de posteriores lecturas. Reconozco que "Memorias de las putas tristes" me dejó frío, como si fuese un vestigio otoñal de lo que fue y ya no queda. Quizás no lo leí en el momento adecuado, pero tengo tanto tuyo por leer, que dudo…

La biblioteca de la buhardilla II: "De alguna manera (Claro de luna)"

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La partitura del Claro de luna descansaba abierta sobre el atril del piano, esperando que ella la interpretase. Es la favorita de Juan, me dijo casi excusándose la primera vez que entré en aquella sala. ¿Juan? Mi novio. Está en Sevilla, le queda hasta julio para licenciarse. Esparcimos los libros sobre la mesa camilla. No entendía muy bien que hacía en la casa de aquella compañera a la que no soportaba, pero que poseía algo que me atraía incomprensiblemente. Quizás era la búsqueda de ese algo, o quizás el contraste tan extremo entre su mundo y el mío lo que me llevaba hasta allí. Aromaban aún los días de la Navidad reciente, apenas recogidos los belenes, devueltos los árboles de plástico a sus cajas y las felicitaciones y buenos deseos al olvido más rutinario. Entre los textos y problemas, las notas de la sonata para piano reclamaban obsesivamente mi atención. Mi mirada iba y venía, buscando la música de Beethoven en aquellos pentagramas. ¿Te gusta la música? Sí, contesté, devolviéndo…

Confieso que he leído VI: El médico y Los pilares de la tierra

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Dos asignaturas pendientes desde finales de los ochenta, el Médico, principios de los noventa, los Pilares. Expresión máxima de mi aprensión a embarcarme en novelas de fama exagerada con garantía de satisfacción. Ambos regalo de mi madre, que construyó la mayor parte de mi biblioteca de aquellos años. Y en apenas un plumazo, me reconcilio con los autores y sus obras. Más con Gordon que con Follet. El Médico es mucho médico, aureolada de aromas y texturas, rica en historias y en detalles. Es buen escritor el amigo Noah. Seguiré resistiéndome a leer sus secuelas, Chamán y la Doctora Cole, e invertiré el tiempo en cosas mejores.

En los Pilares he llegado a odiar al maldito obispo y al William de las narices. No tienen otro objeto en la historia que conseguir que todo vaya mal para los demás. Ambos son personajes exagerados, algo superficiales y esperpénticos. Al contrario que Gordon, gran parte de la historia no es creíble, lo que en novela histórica puede resultar un defecto, asumible…