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Mostrando entradas de 2018

Trovadores III: Benditas feridas, Rosa Cedrón.

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Cada vez resulta más difícil encontrar el asombro en lo que nos rodea. Todo se va cubriendo de una aureola de cotidianidad, de habitual, de más de lo mismo que te hace entornar los ojos y perderte gran parte de la luz que en realidad proyecta. Las emociones, casi siempre, llegan de los recuerdos: aromas que acercan el pasado, sones que nos transportan a momentos entrañables, lágrimas que afloran ante unos versos repetidos tantas veces que parecen formar parte de nuestro propio vocabulario. Y podríamos creer que con los años uno acaba viviendo en un desierto sin más adornos que aquellos que trajimos con nosotros desde el ayer, que en el resto del camino no nos sorprenderá ningún oasis en el que saciar la sed.

Pero existen. La sensibilidad se da la mano con el talento de quienes son capaces de despertar nuestras emociones. Y como en las pócimas que preparaban los druidas que vivían en los bosques de mis ancestros celtas, alguien mezcla los ingredientes precisos para que se dé la magia.…

Cuaderno de Bitácora I: Ellos y el mambo.

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a mis amigos Isabel y Octavio. 07-09-2018
Hoy no calla con el mambo.  Que si ritmos africanos por aquí, que si mambo por allí. Es como la tierra más fértil que puedas imaginar, saca partido de la semilla más insignificante. Vive en el silencio de cuanto lee y los sonidos de lo que escribe y dice. Como las hadas buenas, reparte polvo de hadas cuando la ocasión lo requiere, o te muestra el camino hacia la segunda estrella a la derecha, donde viven los sueños. Esa segunda estrella a la derecha que una amiga dijo desconocer, y desde entonces no volví a mirarla igual. A mi amiga. Y se llamaba también Isabel, como nuestra reina del mambo. O de los ritmos africanos. También es casualidad que los mencionara hoy, que me he encontrado con Romaric, mi amigo de Costa de Marfil,  por las calles de Hameln, con su mp3 a todo lo que daba el volumen, esparciendo ritmos africanos por las siempre aburridas calles alemanas.

    Pero ella no calla con el mambo. Pérez Prado en primera línea. Y una amenaz…

Cuaderno de Bitácora 0: Zarpamos.

Cuaderno de Bitácora es un nuevo título de nuestro blog. En él os mostraré alguno de los textos que diariamente, o casi diariamente, escribo en mi cuaderno real. Suelo guardarlos sólo para mí, pero a veces, y sólo algunas veces, quedan textos que pienso que merece la pena mostrar, porque han surgido pensamientos interesantes, o porque el papel y el bolígrafo han coincidido en un momento de especial plenitud. O porque hay alguien detrás de esa historia o reflexión, y quiero que sepan de ella.

Espero que os guste.

Confieso que he leído XIX: El silencio y el mar, Enrique Botella.

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No suelen ser muchas las oportunidades que tenemos de leer la primera obra publicada por una editorial. Pero hemos sido afortunados, porque el nuevo sello "Editorial Mankell" no podía haberse presentado con una obra mejor que la novela de Enrique Botella "El silencio y el mar". Ambientada en los años de la Guerra Civil y de la dictadura posterior, el momento cumbre elegido por Botella es el bombardeo del Mercado de Abastos de Alicante, donde sucederá uno de los giros fundamentales de la novela.

Todo escritor lleva dentro una parte de novelista y otra de contador de historias. Puede parecer lo mismo, pero yo suelo diferenciarlos a menudo. Me confieso un enamorado de los contadores de historias, que son aquellos que centran sus esfuerzos en transmitirnos lo que quieren mostrar y contar, por encima de la forma concreta de hacerlo, es decir,  del estilo y de la voz literaria.

Pues Enrique Botella es un buen novelista, pero es sobre todo un increíble contador de histor…

Confieso que he leído XVIII: La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro.

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Como siempre que una novela es alabada por la multitud, me resistí a leerte. Pasó con El Médico, con Los pilares de la tierra y con otras tantas que aún quedan por leer. Este verano corregí mi error. Y doy gracias a los dioses por haberlo hecho.

Me he encontrado una novela irrepetible, magistral, donde prácticamente con un solo personaje José Luis Sampedro nos trae y nos lleva del pasado al presente y viceversa, de la vida rústica y a pie de calle de hace años, a la indiferencia urbana de hoy en día. Aunque nos deja abierta la puerta a que, a pesar de esta vida actual, individualista y efímera, queden resquicios para las relaciones humanas sinceras y profundas.

El protagonista, un hombre anciano, apartado de su vida rural, que vive sus últimos meses en Milán con su hijo, su nuera y, sobre todo, su nieto, un personaje casi mudo pero imprescindible, encuentra pequeños oasis de vida auténtica en todo ese mundo tan falso e hipócrita de las grandes ciudades.

El autor se teje una novela co…

Beethoven y la Guerra de Cuba III: La carta.

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Francisco Guerra y Ludwig van Beethoven esperaban en el calabozo la hora de su ejecución. Al alba serían llevados al muro del cementerio y fusilados por desertores. Habían llegado aquella mañana a La Habana; los detuvieron nada más bajar del barco. Se les juzgó a mediodía. El juez dejó la sentencia para después de la siesta.


        - ¿Merecerá la pena que comamos? - preguntó Ludwig a su amigo.

        - Al menos nos fusilarán con la barriga llena.

    Abrió la puerta el cabo de guardia, seguido de dos soldados con la comida.

        - Tomad el rancho. Lentejas. Os hemos quitado el chorizo; igual os fusilan antes de que hagáis la digestión, y sería una lástima desaprovecharlo.

        - No jodas, cabo.

        - De postre, manzana, que aprieta las tripas. Os vendrá bien para que no os vayáis por la pata abajo.

    Y se marchó la comitiva, dejando a los reos mirando las bandejas sin un ápice de apetito.

        - Ya te dije yo que no era una buena idea escribirle esa carta al Gobernad…

El Cortejo de las Musas IV: La perspectiva del pintor.

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Dicen que uno de los mayores problemas con el que se encontraban los pintores del Antiguo Egipto al decorar los hipogeos, era lo estrecho de las estancias, que les impedía dar un paso atrás para ver el efecto de la obra.

Yo he dado un paso atrás. No para ver mi obra, que no tengo, simplemente cuento historias. Tampoco para descubrir si realmente me gusta escribir, ni si me hace feliz despertar emociones a mis lectores imaginarios. (El lector nunca existe, es un ente irreal: nadie lee o debería leer delante del autor)

No se trata de nada de eso. He dado ese paso para preguntarle a la hoja en blanco si me quiere. Si me lo va a poner difícil. Si me lo va a seguir poniendo cada vez más difícil, mejor dicho. He arrastrado los pies para ver mis huellas, y comprobar si en realidad dejan la pisada que quiero dejar. Si esa hoja no está mejor virgen que escrita. Todo eso transcurre por mi mente, mientras me resisto a decidir qué hacer con el pincel que aguarda rematar el fresco en la pared.

Ha…

Beethoven y la Guerra de Cuba II: Francisco Guerra.

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A esas horas, el comedor era un bullicioso concierto de voces acompasado por los rítmicos golpes de las cucharas de metal sobre las bandejas. Su tatarabuelo habría necesitado muchísimo papel pautado para dibujar esas melodías y el rumiar de esa multitud de muchachos que engullían la ración de caldo en una estancia húmeda, de techos bajos y ventanas diminutas, cerradas, por la que corría la serpiente de la muerte arrastrándose en los tablones hinchados del suelo. Los del primer turno acababan el almuerzo en esos momentos y Ludwig se puso a la cola detrás de un muchacho enjuto, de pómulos marcados y pelo lacio, que enseguida quiso entablar conversación con él.

–Tú eres el del extraño nombre, ¿verdad?

«Lo que falta», pensó Ludwig. «Marcado de por vida, también en alta mar». Se limitó a asentir como respuesta.

–Yo soy Francisco –dijo el muchacho tendiéndole una mano–. Francisco Guerra.

Los dos hombres se estrecharon las manos y Ludwig esbozó una tímida sonrisa que pretendía ocultar la ir…

Beethoven y la Guerra de Cuba I: La partida.

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Capítulo 1 La Coruña 1896             Ludwig van Beethoven no sabía si ahorcarse desde la cofa del barco o tirarse directamente por la borda a las frías aguas del Atlántico. Llevaba ya tres días de navegación a bordo del “Montevideo” en el que había embarcado en el puerto de La Coruña, con destino al matadero en el que se estaba convirtiendo la Guerra de Cuba. Andaba el hombre más que harto de lo sonoro de su nombre, herencia de su famoso tatarabuelo, que le impedía pasar inadvertido en ninguna parte. La última, la que le llevó a la desesperación, el sorteo de quintos para embarcar hacia las Antillas.             Fue un domingo por la mañana, un par de semanas antes de zarpar, en la Comandancia de Marina de La Coruña al acabar la misa de doce. Su padre se había empeñado en asistir al sorteo y no aguardar a que aparecieran los nombres de los reclutados en la prensa del martes o miércoles. Cuando llegaron, había un pequeño revuelo entre los miembros de la mesa de selección: no aparecía el…