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Cuaderno de bitácora VII: El valor de una homilía.

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     Mamá la recordó hasta los últimos días de su vida. Solía preguntarme de vez en cuando si recordaba aquella homilía del Padre Alfonso. Ella sabía que sí, pero las palabras inspiradas del sacerdote eran un vínculo entre madre e hijo que perduró hasta su muerte. Y aún ahora, quince años después de dejarnos, no puedo evitar el recordar al mismo tiempo aquel sermón y la admiración emocionada de mi madre.     Era el año 1974, o quizás 1975. Yo estudiaba en el Colegio San Antonio de los Padres Franciscanos. La iglesia era nuestra parroquia desde que llegamos al barrio, aledaña al colegio donde fui bien tratado por primera vez en mi vida escolar. La señorita Isabel y Don Alfredo viven en mi memoria y en mi corazón, abrazados a mi agradecimiento eterno. Un domingo, como todos los domingos, fuimos a misa. No recuerdo si de once o de doce, pero la hora no importa: lo trascendente es que hay un antes y un después de aquella celebración. Al llegar a la homilía, la...

Cuaderno de bitácora VI: Obituario, Carlos Ruiz Zafón (1964-2020)

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    Sé donde está. El Cementerio, me refiero, de los Libros Olvidados. Aquel amanecer seguí a Daniel y a su padre por las calles de una Barcelona bajo cielos de ceniza y un sol de vapor. No me vieron, pero llegué con ellos a aquel lugar mágico, al que entré de tapadillo sin que Isaac, el portero, me viera escabullirme entre los pasillos de aquella misteriosa biblioteca.     Vi al niño escoger "La sombra del viento" de Julián Carax, esa novela que se titula igual que la tuya, como una premonición de lo que tú ibas a escribir. Salió entusiasmado del descubrimiento, y de haber adoptado un libro que parecía haberle llamado desde lo más profundo de las estanterías.     Sé donde está. El Cementerio, sí, y voy a montar guardia, cada momento, cada día, siempre, mientras me quede memoria de lo leído. Como una aduana, preguntaré a cada uno que se llegue al cementerio qué libro viene a depositar allí como olvidado.     - La sombra del viento, de Carl...

Península poesía V: Negra sombra, Rosalía de Castro.

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    En los días de La Coruña, donde nací y viví hasta los 6 años, mis tías me regalaron un disco de folclore de mi tierra. El disco, como veis en la foto, se titulaba Airiños da miña terra. Una de las canciones gustaba mucho en casa, Negra Sombra, tema que luego Luz Casal llevaría por toda España.  Hasta hace poco no caí en la cuenta de que la letra de esa canción fue, seguramente, el primer poema que escuché en mi vida. No sabía que la letra era una poesía y menos que la hubiese escrito Rosalía de Castro, a la que no tenía el gusto de conocer, eso llegaría más tarde.    Somos muchos los que consideramos esta canción el himno popular de nuestra tierra; nos evoca los montes verdes y ocres donde viven los duendes,  al mar rompiendo contra la costa a la busca de valientes que se quieran ir con él, a los faros alumbrando la noche, barriendo la bruma en la que se ocultan las bruxas que inventan conxuros. Cando penso que te fuches, negra sombra que me ...

Confieso que he leído XXI: La corresponsal (Oriana Fallaci), Cristina de Stefano.

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Después de tantos años tras su fallecimiento, tenía un poco olvidada a mi admirada Oriana Fallaci. El descubrimiento reciente de su biografía (no sabía que se había publicado en 2015) ha vuelto a acercarme a una mujer, valiente, polémica y pasional, que despertó en mí, hace ya mucho tiempo, una gran admiración que perdura hasta el día de hoy. La biografía es un tratado de buen gusto, de no hacerse notar, de ceder absolutamente el protagonismo al biografiado, y contar lo que hay que contar sin alardes literarios, sin florituras innecesarias que desvíen la atención del contenido al continente. Bravo por Cristina de Stefano por un trabajo honesto muy bien realizado. Pero sí la autora cede el protagonismo a Oriana, no voy yo a contradecirla ahora, y quisiera contar como me enamoré de la periodista italiana.      Corrían los tiempos del instituto. Yo solía, de vez en cuando, a la salida de clase, pasar por la librería de la familia Antón, enfrente del Casino de Novelda...

Cuaderno de bitácora V: Mi compañero es negro, yo blanco.

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 Mi compañero es negro, yo blanco, dos hombres de color, cada uno el suyo, trabajando juntos. Cada día. Cada semana. Cada mes. Yo lo respeto. Él me respeta. No veo el color de su piel. Él no ve el mío. Mi compañero es negro, yo blanco. Si no me fijo, si no presto atención,  el color de su piel pasa desapercibido, como a él le pasa el mío, como si fuese el color de sus ojos, de sus dientes, de su pelo, de su sangre, que es el color de mis ojos, de mis dientes, de mi pelo sin las canas del tiempo, de mi sangre. Mi compañero es negro, yo blanco, sólo la piel es diferente: el corazón a la izquierda, el cerebro partido por la mitad, los pulmones precisan aire para respirar, compartimos el pan que sacia el hambre, tan igual la suya y la mía, el agua que calma nuestra sed, la misma para los dos, el cansancio que nos ataca por igual. Mi compañero es negro, yo blanco; murió uno de los suyos bajo la violencia de uno que ...

Cuaderno de bitácora IV: lo leeré contigo.

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     Esta mañana he recibido la novela de Lucía Graves "La casa de la memoria". No recuerdo qué fue lo que me llevó hasta ella, porque en ese momento, cuando lo compré, ni siquiera caí en la cuenta de que se trataba de la  hija del autor de "Yo, Claudio", Robert Graves. Supongo que me interesó la sinopsis que debí de leer en algún lado.      La compré en una librería de lance online de Berlín, que tiene un fondo amplio, e interesante, de obras en castellano. Cuando he abierto esta mañana el paquete, venían tres libros más, lo iba a dejar en el montón de pendientes de leer, pues tengo una buena lista de espera. Hojeando a los recién llegados, me he llevado una sorpresa con esta casa de la memoria.     Como podéis ver, el libro está lleno de anotaciones entre líneas, al margen, en el encabezado y pie de página. Esto me ha llamado la atención. Esas notas me han llevado a crear un perfil de su autor: por la letra, diría que se trata d...

El baúl de las palabras V: Cuando los idiomas conviven.

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    Hoy hablaba en las redes sociales con mi amiga María José Viz, autora del poemario "Mar de chuvia seca" del que os hablaré cuando lo termine de leer, sobre la importancia del tener dos lenguas maternas, lo enriquecedor que resulta el privilegio de vivir donde conviven el castellano y cualquiera de las lenguas autóctonas de nuestro país. María José y yo nos conocemos virtualmente hace poco, pero es una de esas personas que te regalan la sensación de que las conoces de toda la vida.     Al aroma de esa conversación, recordé lo que me hizo pensar el leer cierta palabra en la colección de relatos "Ella, maldita alma", de nuestro paisano común Manuel Rivas. Lo leí esta semana, en su edición en castellano. En un momento dado la traductora, que obviamente es también gallego parlante, utiliza la palabra "pescantina" para referirse a una vendedora de pescado en el mercado. No existe pescantina en castellano. La busco en el diccionario galego y la entrada di...