El Gran Akiba I: De las herencias recibidas: dos novelderos y Karpov.
Eso, sin duda, es la parte dura de nuestro juego. Uno puede aceptar que otro humano corra más, salte más, o coma más huevos duros en una hora. Pero asumir que el de enfrente piensa mejor que tú, ya es harina de otro costal.
Pero por suerte, el ajedrez no es sólo competir. Su historia, el conocimiento de su técnica, el estudio de las mejores partidas de los grandes jugadores de todos los tiempos, abren un campo inmenso al conocimiento, y por lo tanto al placer, en este caso intelectual, que está al alcance de cualquiera con interés. No hace falta jugar como un gran maestro para disfrutar de estas facetas del ajedrez, como no hace falta ser Pío Baroja para disfrutar de "El arbol de la ciencia".
Y dentro de esa Historia del Ajedrez, donde podemos conocer a jugadores de todas las épocas y disfrutar de partidas realmente hermosas, también tenemos la "Pequeña Historia", esa que nos toca de cerca, que formó parte de nuestra cotidianidad en algún momento y que, con la perspectiva del tiempo, nos recuerda de que fuimos testigos de algo entrañable.
Allá por el año 1981 el incansable divulgador ajedrecístico Román Torán Albero, fundaba la revista 8x8. A diferencia de su competidora, la revista Jaque, la publicación de Torán incidía más en la enseñanza y práctica del juego que en la información y la idea funcionó bastante bien, pues gozó de gran aceptación entre los ajedrecistas aficionados. En esas, la dirección de la revista organizó un concurso en el que había que solucionar unos problemas de ajedrez y entre los acertantes se sortearía el participar en unas simultáneas con el entonces Campeón del Mundo, Anatoly Karpov, a celebrar en Madrid. Un noveldense, Plinio Montoya Belló, ajedrecista bastante fuerte, fue uno de los afortunados ganadores. Para quienes rodeábamos en aquel entonces a Plinio, yo era amigo de su hermano Félix y todos frecuentábamos los círculos ajedrecísticos, aquello fue una auténtica fiesta. Estuvimos antes y después de la celebración de la simultánea, acosando a preguntas al afortunado, y pidiéndole que nos enseñara la foto, en aquel entonces no se hacían miles como ahora, y la partida, así como el ejemplar del libro de Partidas Selectas de Karpov, que el campeón le firmó. Fue una experiencia bastante bonita para todos. Y durante muchos años fue el único noveldense que jugó con Anatoly Karpov.
Veintiocho años después, en Valencia, pudimos sacar, ya con cámara digital, esta foto:
Aquella tarde en Valencia, fue una de las mejores que me ha regalado este juego. Conocer a Karpov y a Kasparov formó parte de ello. Pero esta foto, esta histórica foto, que une a los dos únicos noveldenses que han jugado con un Campeón del Mundo, es un recuerdo inolvidable.
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