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Cuaderno de bitácora XIX: Iván Klánsky (y Carlos Santo) en Novelda.

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   El piano nos miraba desde el centro de la sala, como una brújula que no señalara siempre al norte. Sus notas eran su aguja magnética que giraban y giraban incansables sobre nuestras cabezas, sin importarle en qué punto cardinal estuviéramos sentados.     Se vistió la sala de silencio, aguardando las manos que comenzaran el concierto. Aplausos agradecidos por lo que vamos a escuchar, como una promesa de la belleza que se avecina. Sin más pausas que las que ordena el pentagrama que sólo existe en la mente del pianista, Bach es el prólogo y Schubert, a cuatro manos, dos pianistas, el camino hacia el descanso, necesario para darnos cuenta de lo ocurrido.      Desde todas las latitudes y longitudes del pianista, surgen murmullos de admiración; en las tertulias bajo la llovizna que baldea el patio, se habla del asombro, de la maravilla, de lo afortunados que hemos sido por venir. Y nos felicitamos porque aún quedan vueltas que dar a ese glob...

Confieso que he leído XIX: Sólo un día más, Susana Fortes.

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     Si hablara de cocina y dijera que, con los mejores ingredientes, es sencillo cocinar un gran plato, estaría faltando a la verdad. Cuentan tantas cosas a la hora de componer un guiso, que los materiales suponen apenas un pequeño porcentaje del resultado.      Pues lo mismo ocurre en esta preciosa novela de Susana Fortes: no puede haber mejores protagonistas que mi queridísima paisana María Casares y el Premio Nobel francés Albert Camus para plantear una novela. Pero sin la sensibilidad, la voz literaria y el buen gusto de la autora, sin esos componentes, hubiese sido imposible sacar el partido que ella ha obtenido de una historia de amor, que no por repetida tantas veces a lo largo de la historia, deja de sorprendernos en cada esquina de sus páginas.       Susana rinde homenaje a un amor imposible que, a pesar de todo, fue real. Que tiene su cuaderno de bitácora en los centenares de cartas que Albert y María se cruzaron y que, sin du...

Confieso que he leído XVIII: Escarcha en el pelo, Enrique Botella.

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     No es la primera vez que viene por aquí. Enrique Botella ya nos visitó allá por el mes de septiembre de 2018, cuando leí su magnífica "El silencio y el mar ".      Dicen que la primera novela de un buen escritor suele ser su mejor obra. Quizás porque le dedica más tiempo o se vuelca incondicionalmente en ella. Luego, con la premura de hipotéticos plazos, la autocomplacencia o la escasez de nuevas ideas, parece que se tiende a bajar de nivel. Nada de eso ocurre con la segunda novela de Enrique. Es más, yo añadiría un ingrediente nuevo: la erudición bien entendida al servicio de la historia.     Como la portada del libro reza, estamos ante una novela judicial y Enrique es abogado, pero no escribe para presumir, para demostrar, para bombardearnos con sus conocimientos. El letrado se muestra humilde y pone su oficio jurídico al servicio del literario. Hay que ser muy buen escritor para hacerlo y Botella lo es. Una pequeña muestra de su maestría e...

El Gran Akiba V: El rey de Hameln vuelve a su caja. Doce temporadas y una partida.

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     El rey que veis en la imagen me ha acompañado entre los trebejos de mi club en Hamelín desde 2012. Tras doce temporadas completas más una partida que mis compañeros me han querido regalar hoy, abandona su caja junto al resto de piezas y se viene conmigo a España. Es el mejor símbolo que me puedo llevar de los recuerdos que dejo atrás. En dos semanas regresaré a casa, abandonaré esta ciudad y este club al que he tenido la suerte de pertenecer y del que pude celebrar su centenario en 2020.      Doce años y una partida (la primera de la temporada 2024/25 que comenzaba esta mañana. Mi club me quiso inscribir a pesar de que no puedo jugar ninguna más, para que me despidiera de ellos sobre el tablero) en los que no ha habido ningún mal momento, más allá de las partidas que uno irremediablemente pierde, ninguna mala cara, ningún enfado. En Hamelner Schach Verein he encontrado algunas personas maravillosas, con un concepto del ajedrez diametralmente opuesto al...

La biblioteca de la buhardilla XVI: Chuva

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     Los adoquines no estaban acostumbrados a los rayos del sol. Tampoco los muros de piedra que, orientados al sur, entornaban sus párpados buscando la sombra de la cornisa, a la espera del atardecer que menguara la luz del verano.     Jairo s alió a la calle vestido de sorpresa; no conocía otro color que el gris oscuro en las teselas que, como en un puzle, formaban la calle. Aquella mañana parecía que alguien hubiera bruñido cada una de las pequeñas piezas, para que lucieran un bronceado que el niño no esperaba. ¿Les dolerá como me duele a mí la espalda cuando me da mucho el sol en la playa? Gateó hacia la iglesia por la zona peatonal, palpando ante sí, como un médico palparía un vientre empachado, intentando averiguar si era demasiado el calor para aquellas piedras.     ― ¿Qué tienen, doctor? ― le preguntó la amiga imaginaria que siempre le acompañaba y que le interrumpía en los momentos más inoportunos.     ― Silencio, que...

Cuaderno de bitácora XVIII: Ojos.

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     No recuerdo cómo se llamaba. Teníamos quince años, como en la canción de Serrat, y cogíamos cada tarde el mismo autobús a las puertas del Instituto. Hablábamos. Casi siempre de su miedo a que sus ojos quedaran tristes, de aquellas palabras del médico que se le clavaron como dardos que dan en el blanco. Prefiero perder vista que mirada, decía una y otra vez, intentando convencerse del absurdo. Yo la creía.      No recuerdo cómo se llamaba. Enredaba el miedo a la tristeza en los rizos de su cabello. No sé qué habrá sido de su mirada, si se entristeció, si la conserva intacta, si fijó sus ojos en alguien algún día.      No, no recuerdo su nombre, sólo que vivía en la calle Jaume Segarra, apenas a una esquina de mí. Muy lejos, en realidad. Desde mi balcón no podía saber si languidecían sus ojos. Ella, cada tarde, los escondía tras unas gafas de sol, incluso en las oscuras tardes de invierno. ¿Los escondes por algo? Por si acaso, contestaba. ...

Cuaderno de bitácora XVII: Zafra y su premio literario.

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    El ayuntamiento de Zafra ha modificado las bases de su premio literario, el cual lleva el nombre de Dulce Chacón, hija de la ciudad, eliminando del mismo los valores de dignidad, justicia y solidaridad que las obras presentadas debían defender, honrar, mostrar, respetar. Supongo que el alcalde de Zafra, como titular del certamen, tiene perfecto derecho a ello. El mismo derecho que protege a la familia de Dulce para retirar su nombre del concurso o a las otras instituciones que lo patrocinan a no destinar más fondos en futuras convocatorias.     Este tema no merece mayor discusión que la de tomar partido por una postura u otra -Dulce, siempre-, que cada uno actúe conforme a su conciencia y poco más hay que decir.     Pero yo quisiera ir un paso más allá. Leyendo el otro día unas declaraciones de mi admirada Inma Chacón, hermana gemela de Dulce, sobre esta retirada de los valores de dignidad, justicia y solidaridad por parte del alcalde, no pude evitar un...