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Confieso que he leído XX: Leo y las estrellas, Belén Cantó.

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   Me trae hasta aquí "Leo y las estrellas" un pequeño cuento de Belén Cantó. Leo, su protagonista -o quizás lo sean las estrellas, quién sabe- es diferente y nadie quiere que lo sea. No juega a lo que todos esperan que juegue. No desea los mismos regalos, ni los mismos juguetes que los demás. Son diferentes sus hábitos, sus costumbres.         Leo es uno y no todos. Es él y no ellos. Y no está solo, pero no lo sabe, no se lo dicen; quizás quienes le rodean no conocen a nadie como Leo y le hacen sentir raro, extraño, distinto -en el mal sentido de la palabra- sin darse cuenta de que esa diferencia -esta vez en el bueno- es parte de su belleza. De la nuestra: Ninguno somos iguales, aunque quieran obligarnos a serlo. "Lo querían matar, los iguales, porque era distinto..." escribió Juan Ramón Jiménez, cargado de razones que ahora comparte Belén. Él hablaba a los adultos. Ella, a todos; también en eso quiere ser distinta. Y lo es porque nos cuenta la histo...

Cuaderno de bitácora XIX: Iván Klánsky (y Carlos Santo) en Novelda.

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   El piano nos miraba desde el centro de la sala, como una brújula que no señalara siempre al norte. Sus notas eran su aguja magnética que giraban y giraban incansables sobre nuestras cabezas, sin importarle en qué punto cardinal estuviéramos sentados.     Se vistió la sala de silencio, aguardando las manos que comenzaran el concierto. Aplausos agradecidos por lo que vamos a escuchar, como una promesa de la belleza que se avecina. Sin más pausas que las que ordena el pentagrama que sólo existe en la mente del pianista, Bach es el prólogo y Schubert, a cuatro manos, dos pianistas, el camino hacia el descanso, necesario para darnos cuenta de lo ocurrido.      Desde todas las latitudes y longitudes del pianista, surgen murmullos de admiración; en las tertulias bajo la llovizna que baldea el patio, se habla del asombro, de la maravilla, de lo afortunados que hemos sido por venir. Y nos felicitamos porque aún quedan vueltas que dar a ese glob...

Confieso que he leído XIX: Sólo un día más, Susana Fortes.

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     Si hablara de cocina y dijera que, con los mejores ingredientes, es sencillo cocinar un gran plato, estaría faltando a la verdad. Cuentan tantas cosas a la hora de componer un guiso, que los materiales suponen apenas un pequeño porcentaje del resultado.      Pues lo mismo ocurre en esta preciosa novela de Susana Fortes: no puede haber mejores protagonistas que mi queridísima paisana María Casares y el Premio Nobel francés Albert Camus para plantear una novela. Pero sin la sensibilidad, la voz literaria y el buen gusto de la autora, sin esos componentes, hubiese sido imposible sacar el partido que ella ha obtenido de una historia de amor, que no por repetida tantas veces a lo largo de la historia, deja de sorprendernos en cada esquina de sus páginas.       Susana rinde homenaje a un amor imposible que, a pesar de todo, fue real. Que tiene su cuaderno de bitácora en los centenares de cartas que Albert y María se cruzaron y que, sin du...

Confieso que he leído XVIII: Escarcha en el pelo, Enrique Botella.

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     No es la primera vez que viene por aquí. Enrique Botella ya nos visitó allá por el mes de septiembre de 2018, cuando leí su magnífica "El silencio y el mar ".      Dicen que la primera novela de un buen escritor suele ser su mejor obra. Quizás porque le dedica más tiempo o se vuelca incondicionalmente en ella. Luego, con la premura de hipotéticos plazos, la autocomplacencia o la escasez de nuevas ideas, parece que se tiende a bajar de nivel. Nada de eso ocurre con la segunda novela de Enrique. Es más, yo añadiría un ingrediente nuevo: la erudición bien entendida al servicio de la historia.     Como la portada del libro reza, estamos ante una novela judicial y Enrique es abogado, pero no escribe para presumir, para demostrar, para bombardearnos con sus conocimientos. El letrado se muestra humilde y pone su oficio jurídico al servicio del literario. Hay que ser muy buen escritor para hacerlo y Botella lo es. Una pequeña muestra de su maestría e...

El Gran Akiba V: El rey de Hameln vuelve a su caja. Doce temporadas y una partida.

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     El rey que veis en la imagen me ha acompañado entre los trebejos de mi club en Hamelín desde 2012. Tras doce temporadas completas más una partida que mis compañeros me han querido regalar hoy, abandona su caja junto al resto de piezas y se viene conmigo a España. Es el mejor símbolo que me puedo llevar de los recuerdos que dejo atrás. En dos semanas regresaré a casa, abandonaré esta ciudad y este club al que he tenido la suerte de pertenecer y del que pude celebrar su centenario en 2020.      Doce años y una partida (la primera de la temporada 2024/25 que comenzaba esta mañana. Mi club me quiso inscribir a pesar de que no puedo jugar ninguna más, para que me despidiera de ellos sobre el tablero) en los que no ha habido ningún mal momento, más allá de las partidas que uno irremediablemente pierde, ninguna mala cara, ningún enfado. En Hamelner Schach Verein he encontrado algunas personas maravillosas, con un concepto del ajedrez diametralmente opuesto al...

La biblioteca de la buhardilla XVI: Chuva

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     Los adoquines no estaban acostumbrados a los rayos del sol. Tampoco los muros de piedra que, orientados al sur, entornaban sus párpados buscando la sombra de la cornisa, a la espera del atardecer que menguara la luz del verano.     Jairo s alió a la calle vestido de sorpresa; no conocía otro color que el gris oscuro en las teselas que, como en un puzle, formaban la calle. Aquella mañana parecía que alguien hubiera bruñido cada una de las pequeñas piezas, para que lucieran un bronceado que el niño no esperaba. ¿Les dolerá como me duele a mí la espalda cuando me da mucho el sol en la playa? Gateó hacia la iglesia por la zona peatonal, palpando ante sí, como un médico palparía un vientre empachado, intentando averiguar si era demasiado el calor para aquellas piedras.     ― ¿Qué tienen, doctor? ― le preguntó la amiga imaginaria que siempre le acompañaba y que le interrumpía en los momentos más inoportunos.     ― Silencio, que...

Cuaderno de bitácora XVIII: Ojos.

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     No recuerdo cómo se llamaba. Teníamos quince años, como en la canción de Serrat, y cogíamos cada tarde el mismo autobús a las puertas del Instituto. Hablábamos. Casi siempre de su miedo a que sus ojos quedaran tristes, de aquellas palabras del médico que se le clavaron como dardos que dan en el blanco. Prefiero perder vista que mirada, decía una y otra vez, intentando convencerse del absurdo. Yo la creía.      No recuerdo cómo se llamaba. Enredaba el miedo a la tristeza en los rizos de su cabello. No sé qué habrá sido de su mirada, si se entristeció, si la conserva intacta, si fijó sus ojos en alguien algún día.      No, no recuerdo su nombre, sólo que vivía en la calle Jaume Segarra, apenas a una esquina de mí. Muy lejos, en realidad. Desde mi balcón no podía saber si languidecían sus ojos. Ella, cada tarde, los escondía tras unas gafas de sol, incluso en las oscuras tardes de invierno. ¿Los escondes por algo? Por si acaso, contestaba. ...

Cuaderno de bitácora XVII: Zafra y su premio literario.

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    El ayuntamiento de Zafra ha modificado las bases de su premio literario, el cual lleva el nombre de Dulce Chacón, hija de la ciudad, eliminando del mismo los valores de dignidad, justicia y solidaridad que las obras presentadas debían defender, honrar, mostrar, respetar. Supongo que el alcalde de Zafra, como titular del certamen, tiene perfecto derecho a ello. El mismo derecho que protege a la familia de Dulce para retirar su nombre del concurso o a las otras instituciones que lo patrocinan a no destinar más fondos en futuras convocatorias.     Este tema no merece mayor discusión que la de tomar partido por una postura u otra -Dulce, siempre-, que cada uno actúe conforme a su conciencia y poco más hay que decir.     Pero yo quisiera ir un paso más allá. Leyendo el otro día unas declaraciones de mi admirada Inma Chacón, hermana gemela de Dulce, sobre esta retirada de los valores de dignidad, justicia y solidaridad por parte del alcalde, no pude evitar un...

Cuaderno de bitácora XVI: Héroes de la niñez

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      Mis héroes son otros, los ficticios, distintos a los que exhiben sus superpoderes hoy en día. Vivimos abrumados, diría yo que ciegos, por el universo Marvel, con sus Iron Man, Spiderman, Capitán América o La viuda negra. Los 4 fantásticos y Superman, también, aunque parece que pertenecen a otro sindicato.     No, no son esos ídolos de la niñez los que han llegado hasta esta madurez que se acerca a ritmo de foxtrot a la tercera edad, para la que no falta tanto; un par de lustros, como mucho.     Quizás mis héroes son más mundanos aunque no menos imaginarios, pero tenían una virtud que no veo en los actuales: no eran los perfectos todopoderosos que son hoy. Bueno, Astérix sí, pero es que con la poción mágica como arma secreta, ya se sabe, no hay rival que se atreva.    Y es que con nadie mejor que con el Capitán Tan para ir de aventuras -"En mis viajes por todo lo alto y ancho de este mundo", cantaba-. O el Pato Donald, Mickey, Goofy...

Leer para escribir VI: Las descripciones de Katherine Mansfield.

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    Leyendo una magnífica selección de cuentos de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, he disfrutado de la manera tan sutil de escribir ciertas descripciones, en el caso que me ha llamado la atención, de un personaje femenino, una mujer.      Primero, la narradora nos ha hilvanado algunas características para que la podamos reconocer, sin dedicar más que unas pocas palabras a visibilizarla.     Si se hubiese quedado ahí, diríamos que, o bien se trata de un personaje secundario, o bien que no nos hace faltar saber más para la trama. Nada de eso ha ocurrido.     Poco después, cuando el protagonista masculino se acerca a ella, la narración pone en su boca otras características de la mujer. Nos describe ciertos detalles que le han llamado la atención. Así, no solo la conocemos mejor, sino que sabemos la impresión que ha causado en el hombre. Una descripción biunívoca impecable.     Pero no acaba aquí la técnica descriptiva de ...

La biblioteca de la buhardilla XV: Ausencia IV

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      Creí que algún día me acostumbraría a verla desparecer, a encontrar la casa vacía, al hueco de su cuerpo entre las sábanas, al aroma de su piel desvaneciéndose día tras día. Y esa costumbre, nunca llegó. Tampoco ahora que jamás regresará de donde ninguno volveremos. No sé qué dolor estoy llorando ante su lápida, si esta ausencia definitiva o todas las que sufrí -o disfruté- durante su vida. "Los mejores perfumes, en frascos diminutos" me decía para convencerme de que los seis o siete meses al año que me dejaba estar a su lado eran mejores que toda una vida juntos. No quería que la diese por supuesta, que despertara cada mañana con la convicción de que estaría allí por la noche.      Nunca pude ni siquiera adivinar por su manera de comportarse, que un día cualquiera iba a ser el último. Era tan impredecible, no existían en ella rutinas que romper, hábitos que cambiar para levantar mis sospechas. Todo era nuevo, desde la forma de abrir los ojos al amane...

Cuaderno de bitácora XV: Mirando por la ventana

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    Está lloviendo en Hamelín y la gente se ha refugiado en la cafetería a la que suelo ir a leer cuando tengo un día libre. O en fin de semana. Los adoquines de la calle brillan a la manera de los de la calle Real de La Coruña, aquellos, los coruñeses, más grandes y menos numerosos que estos por los que transita el flautista, perseguido por turistas que debieran ser ratas o niños dispuestos a ahogarse en el río Wesser.     Como mis paisanos gallegos, la gente aquí no tiene el miedo a la lluvia que tenemos en el Mediterráneo donde me crie y vivo. Cuando en Novelda caen cuatro gotas, a veces muy mal caídas, el personal huye en desbandada, corriendo en busca de refugio, a costa de resbalones, tropiezos y remojones innecesarios, que podrían evitarse si se guardase la paciencia debida para andar con calma. También es cierto que tanto en Galicia como en Alemania, se sale a la calle pertrechados de un paraguas o una gabardina que quizás no hagan falta, pero la prudencia in...

Leer para escribir V: Natalie Goldberg y la precisión al escribir.

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    "El gozo de escribir" es una magnifica obra de introducción a la literatura creativa. Aunque casi todos los conceptos que nos relata la autora ya son conocidos desde hace mucho tiempo, me gustar releer este libro al modo que un músico aún coloca la partitura frente sí, incluso cuando haya interpretado la pieza miles de veces y la conozca de memoria mejor que su propio nombre: siempre podemos ver algo nuevo que se nos escapase en las lecturas anteriores.     Y es el caso. Ha salido a la luz un tema en el que discrepo con la maestra. Es lo que tiene la lectura crítica, que uno sale contestón, pero también es cierto que es el único camino para aprender: no creer lo leído sin pasarlo por el tamiz de la opinión propia.     Goldberg afirma en el capítulo "Sé preciso" que no debemos usar los sustantivos imprecisos del tipo fruto o flor, sino que lo correcto es decir naranja o gladiolo, en pos de una precisión que ayude al lector a penetrar mejor en la esencia ...

Confieso que he leído XVII: La bibliotecària del front, Berta Jardí.

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     Hoy es festivo en Alemania, 3 de octubre, día de la reunificación, y me he levantado como si fuese un día laborable, pero sin la ayuda del despertador, no ha hecho falta, para leer las 20 páginas que me restaban para terminar "La bibliotecària del front"  de Berta Jardí. Las 20 páginas que anoche, tras un día de mucho cansancio en el trabajo, tuve que dejar aparcadas por el sueño y que merecían el madrugón.     (Tal vez debería haber escrito esta crónica en valencià   (sense polémiques, per a mi valencià, català i mallorquí son llengues bessones que viuen separades), pero mi valenciano escrito es deficiente y prefiero no faltarle al respeto.)      Siempre han llamado mi atención las novelas que hablan de libros, de bibliotecas, del mundo literario y esta novela de Berta Jardí no me ha decepcionado en absoluto. La forma en la que nos muestra el amor de su protagonista por los libros (todo basado en hechos reales, con nombre y apellid...

Cuaderno de bitácora XIV: Obituario, Francisco Ibáñez (1936-2023)

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    Fuiste dejándote la vida en cada viñeta que dibujabas, en cada burbuja donde hablaban tus personajes. Y al final te has quedado sin tinta; las hojas que resten en tu escritorio permanecerán en blanco aguardando una historieta que jamás conoceremos. Te las llevas todas contigo, las que esperábamos todavía, queríamos más, ignorando tu avanzada edad. Y es que, querido Ibáñez, Mortadelo, Filemón, Sacarino, Pepe Gotera, los vecinos de la 13 Rue del Percebe y otros muchos, tus personajes, no han envejecido en más de sesenta años y creíamos que tú tampoco lo harías.      No es casualidad que ilustre esta tristeza que cuento con la portada del primer Super Mortadelo. Fue uno de los días más felices de mi niñez lectora: Mi hermano, mucho mayor que yo, me vistió de tebeos la infancia y ninguna semana me faltó el Mortadelo. Aquella vez, el enlutado detective vistió capa de superhéroe, despertando la ilusión de un crío que se relamía con las nuevas aventuras que la revi...

Cuaderno de bitácora XIII: Censura

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    Déjalos, no les contradigas, ignora que se comportan como censores, busca el lugar que tu obra merece, lejos de esos que cancelan, impiden, abuchean, queman, maldicen, patalean, ignoran, tachan o desprestigian lo que escribiste, compusiste, pintaste, esculpiste, cantaste, representaste. Siento pena por ellos, los censores, que cuanto más cierran libros ajenos, más demuestran su ignorancia, intolerancia, estupidez. No cabe ser censor sin ser mala persona a la vez. Esa es su derrota. Quien tapa la boca de otro, merece que se le muerda la mano, que se le inyecte el veneno que para él representa la libertad y no solo la de expresión.     Miserables que ven colores en la piel, al tiempo que se los roban al arco iris si van impresos en una bandera. Se llaman cristianos, católicos, pregoneros de un mundo como dios manda por el que jamás preguntarían a un Dios que no les daría la razón.     Está de moda la censura. No suele haber modas que perduren, pasaje...

Cuentos del diccionario III: La tormenta

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    Pascual se caló el sueste, guareciéndose de una lluvia que no tenía pensado parar en toda la tarde. Soltó la estacha del noray para hacerse a la mar, que discutía con la llovizna a golpes de ola contra el espigón. Sabía que era una imprudencia abandonar la bahía, pero ni siquiera la media hora en la que tendría que projear con todas sus fuerzas hasta bordear la península que se abría a alta mar, conseguiría disuadirle de su atrevimiento.      No había nadie observando la zozobra del embarcadero cuando zarpó; detrás de las ventanas del bar de la lonja, empañadas por el vapor y el humo de los cigarros, corrían las copas de anís, los carajillos para templar el gaznate y las manos de mus con las desgastadas barajas españolas, que los pescadores más prudentes prefirieron a la cellisca del exterior, que sacudía sus embarcaciones amarradas a puerto.     Aquel insensato, ajeno a la indiferencia de las partidas de cartas, a los golpes de las fichas de domin...

Trovadores VIII: ¡Qué maravilla, Goyo, qué maravilla!

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  ¡Qué maravilla, Goyo, qué maravilla! Yo no sabía entonces que una canción podía hablar de la vida real, cuando Alberto Cortez comenzó a explicar a la presentadora del programa de televisión que su hermano Goyo, al fin, había tenido un hijo. Ella, la actriz Verónica Castro, lo miraba enternecida, mientras el trovador nos hablaba de lo sucedido, sin dejar de jugar con el piano mientras tanto.       Cortez derramó su amor por el hermano mayor y habló de que en su niñez cuidó de él, también de sus dificultades para ser padre y de una carta de su madre que, emocionada, le contaba, al fin, que Goyo había sido padre. "A la vejez, viruelas", le dijo. De pronto, comenzó a cantar:     ¡Qué maravilla Goyo, que maravilla  ha brotado un retoño de tu semilla!    En ese momento cobraron sentido todas las canciones suyas, las de Serrat, Víctor Manuel. Silvio, Pablo Milanés, Facundo Cabral, Victor Jara y tantos otros aún no habían llega...

Confieso que he leído XXVI: Historias Mínimas, Natacha G. Mendoza

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    Si conociese a Natacha, no me dejaría abrazar por ella, porque ya tengo su abrazo descansando en mi estantería después de la batalla y no quiero perder el recuerdo que ha dejado en mi memoria.     Ojalá que no me hable nunca, que la voz que surgía de cada una de las páginas de sus historias, mínimas, sea la que escuche siempre de ella, que no se borre ese murmullo como si fuese el del mar, que va y viene llevando sobre su espuma los cuentos que imaginó para nosotros.     Ella ha hurgado en mis entrañas, porque a través de sus palabras ha venido Ana María Matute a buscarme, y Ángel González, con el modo con el que los panaderos prueban el pan, y Cortázar, siempre presente. Todos ellos, inolvidables, han vuelto a través de estas  historias, como al trasluz de un visillo que nos dejara ver lo justo para que sepamos que están ahí.     Me ha mantenido despierto, alerta, cada relato es una trampa. Me ha enseñado que nada es lo que parece, que n...

El Gran Akiba IV: Recordando a Bobby Fischer.

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    El próximo día 17 se cumplirán 15 años de la muerte de Bobby Fischer, para muchos el mejor jugador de ajedrez de la Historia. El libro de sus partidas contra Spassky fue uno de los primeros que leí, allá por el año 1977.      Cuando murió, publiqué unas líneas en la web del club al que pertenecía entonces, el CA Aspe. Quiero recordarlas hoy, tan cercano el aniversario de su fallecimiento. Sus partidas y su recuerdo siguen presentes en quienes amamos el ajedrez y seguimos aprendiendo de su talento y trabajo. Carta In Memoriam a Bobby Fischer (Enero 2008)                 Al final, nos has robado un sueño, el de verte jugar de nuevo. Te lo llevas contigo, donde quiera que vayan los genios cuando mueren. Treinta y seis años son muchos sin verte ante un tablero. Ya lo sé, en 1992 nos dejaste con la miel en los labios: no era eso lo que esperábamos, pero tú no estabas dispuesto a darnos más. Te ...