Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2012

No dudéis de donde soy

Imagen
Vivo lejos del mar que me vio nacer desde los casi 7 años. No pensaba que iba a durar tanto, pero 40 años son muchos, toda una posguerra, para que pasen sin dejar heridas en el alma, allí donde es imposible curarlas.



Nunca llegas a ser de ningún sitio. Te falta la luz natal, la única que ilumina la vida del color que te corresponde. Otras, bien te ciegan, bien oscurecen cuanto te rodea.

Las sombras se alargan o se acortan, la lluvia no es la misma lluvia, ni los sonidos los de las voces de quienes nacieron donde tú. Y cuando anochece, busco el faro que siempre fue mi norte, la luz de todos los gallegos: la torre, cuna de mis juegos, y orgullo de mi tierra. Hércules no hubiera elegido un símbolo mejor.

Siempre me he preguntado si he merecido tal castigo. Si alguien pensó en qué sentiría un niño de 6 años, arrancado de su patria. Desearía embrutecer mi carácter, no sentir nostalgia, ni pasión por la belleza, ni amor por la tierra, ni emocionarme con músicas, letras y retratos. Dios y m…

Inventario uno

Presentaré el inventario ante los dioses de los caminos recorridos desde la aurora. Con el sol a la espalda, o cegados los ojos por el crepúsculo, áurea es la llama que da luz a la senda.
        No alegaré en mi defensa las sombras con las que hombres, por hombres llamarlos, adelantaron la noche al mediodía, pretendiendo que confundiera destinos, o que sobre la húmeda tierra, aturdido, cayera, alargando inconsciente el tiempo de la luna llena.         No me defenderé de yerros propios, ni justificaré los que resultaran ajenos. Llegará mi inventario a manos divinas, sin más letra escrita de que nada escribí que verdad no fuera. Llegué con las manos vacías, y manos vacías devolveré: abrigadas de cansancio y dolor. Hartas ya sin estar hartas de llanos y valles, tentados entre yemas y labios, hasta lo más profundo de donde la vida nace y habla.         Aceptaré ser acusado de la esclavitud de cuanto dije y la libertad de lo que callé. Tanto queda por declamar, por encontrar la pa…