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Mostrando entradas de 2013

Confieso que he leído V: Mis diez favoritas.

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Quizás podría enumerar alguna más, pero hay que marcar límites. Digamos que mis favoritas son estas diez:
El árbol de la ciencia, Pío BarojaLos pazos de Ulloa, Emilia Pardo-BazánLa ciudad de los prodigios, Eduardo MendozaEnsayo sobre la ceguera, José SaramagoO lapis do carpinteiro, Manuel RivasLa sombra del viento, Carlos Ruiz ZafónSon de mar, Manuel VicentEl cant de la joventut, Montserrat RoigLos niños tontos, Ana María MatuteLa sombra del ciprés es alargada, Miguel Delibes Espero que os gusten.

Confieso que he leído IV: La Sombra del Viento, Carlos Ruíz Zafón

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No te esperaba, la verdad. Acomodado el paladar a los buenos conocidos, Delibes, Mendoza, Matute, entre otros, y a los no tan buenos pero también grandes contadores de historias, Pérez-Reverte y Vázquez-Figueroa, por ejemplo, que ya urdía uno que las posibilidades de encontrar algo que llegara hasta la sorpresa, se antojaba cuanto menos que improbable. Barcelona tuvo que ser, un cementerio tuvo que ser, de libros tuvo que ser. La Ciudad de los Prodigios que nos contara Mendoza en otra irrepetible, bordeando la Catedral del Mar que no tardaría en llegar a la mano de Falcones. Qué tendrá la ciudad Condal para hechizarnos en cuanto la pluma se embala hablando de ella. Tan increíble me resultó tu lectura, que tres veces quedé incrédulo buscando la fe necesaria para confiar en lo que leía. Ni por esas. Tengo pendientes al menos otras tres, esperando ser más afortunado en el futuro. Gracias, Zafón, por escribirla.

Confieso que he leído III: Wilt, Tom Sharpe

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Hombre, Tom, ¿cómo se te ocurre morirte, precisamente ahora que la crisis da para tanto sarcasmo? Además, vaya disgusto para la buena gente de Palafrugell: ya se les marchó el gran Pla, don Josep, y ahora tú, después de varios lustros de adoptarte como catalán. Tus paisanos igual ni se enteran, de tanto que les has dado para el pelo, con impertérrita justicia ante las críticas que suscitaste. Y es que cómo se te ocurre no mirar al mundo desde la atalaya del Imperio de su Graciosa Majestad, que no sé si se dice así, ni me importa, donde todos somos súbditos de los aires de grandeza de la pérfida Albión.

Por eso eres grande, porque quisiste vivir entre nosotros, en la Costa Brava catalana. Y porque nos hiciste felices con tu humor negro, nigérrimo, que conocimos al presentarnos a tu querido WILT. Qué gran aprendiz  de matarife, el buen Henry, ensayando el asesinato absurdo de su absurda esposa. Tuviste una genial idea al hacer coincidir sus ensayos de matón, con los delirios independe…

Confieso que he leído II: Holocausto Manhattan, Bruno Nievas

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Esperaba más de ti, lo confieso. Después de ponerme el caramelo en la boca e invitarme a disfrutar de la promesa de algo fresco, ágil, innovador, casi sorprendente, resulta que te empeñas en que el dulce dure demasiado y termino aburrido de darle tantas vueltas a lo mismo durante muchas páginas.

Me traes desde Auschwitz a Manhattan, del siglo XX al XXI, sin transición ni espera, sin avisar, recreándote en la violencia, quizás demasiada y dejando personajes a medio hervir. Cuándo el nombre es su mayor distintivo, llega un momento en que uno no sabe de quien estás hablando. Y me pasa. Demasiadas veces.

Tampoco tu historia soportaría el tan traído y llevado tema de la paridad. Sólo una mujer, rodeada de policías, militares, conspiradores y otros hombres absolutamente sonados, que encima es la protagonista del final, que nos trae algo del aromilla de los folletines de posguerra.

He pasado un buen rato, para qué negarlo, pero me sobraron cincuenta páginas. Tiene mérito: de algunas de Pére…

Confieso que he leído I: La Catedral del Mar, Ildefonso Falcones.

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Vivía yo entre los escépticos, como siempre que los trompeteros anuncian la llegada del Mesías, para dejarnos finalmente con la desilusión de un profeta más. Arrinconado en la estantería junto tantos otros de igual factura, que aguardan mejores ánimos lectores.

Llegaron, al fin, los esperados deseos, al igual que la primavera, que nadie sabe porque lo hace. Así lo dijo el poeta, y así debe de ser. Fue en buena hora, porque no es sencillo encontrar hermosas historias en manos de hábiles trovadores, que nos las hagan llegar a través de la literatura, en forma de novelas que merezcan el nombre de tal. Pocas hay, y Maese Falcones compuso una.

Termina uno esperando ver la Catedral construida, y a fe mía que terminas viéndola crecer hasta que la última piedra es colocada. Ves los rayos de sol entrando por las vidrieras, recorriendo toda su planta, iluminando de colores su interior, evocando a la alegría.

No nos cabe en la imaginación una Catedral lúgubre y triste: es un templo Mediterráneo…