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Confieso que he leído XIV: No volveré a tener miedo, Pablo Rivero.

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Que un actor conocido publique una novela, suele ser inquietante. Más que nada, porque uno piensa que lo que trata es de aprovechar su popularidad para vender libros, tenga o no el don de la literatura en sus manos. Pero esto no me ocurrió con Pablo Rivero, nuestro Toni Alcántara de la serie "Cuéntame como pasó". No me ocurrió porque Pablo afirmó en una entrevista, que se había tomado un año sabático en el rodaje de la serie para terminar la novela. Ello demuestra que se toma en serio el oficio y se ganó todo mi respeto. También consiguió que comprara su obra en cuanto se editó. Y no me arrepiento.

Es una buena novela, sobre todo si tenemos en cuenta que es la primera del autor. Se nota que está aún buscando su voz literaria, la segunda mitad está mucho mejor escrita que la primera, y el último cuarto goza de momentos brillantes de escritor curtido y con talento. De hecho, en esa primera mitad encontramos alguna reiteración, expresiones coloquiales en boca del narrador que n…

El cortejo de las musas II: Representar los recuerdos.

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A veces un detalle insignificante puede hacernos reflexionar profundamente, o revelarnos una idea que siempre ha estado presente y que, por alguna razón, se escondía en algún rincón de nuestra mente.

Eso ocurrió el otro día cuando un simple cartel de una inmobiliaria, anunciando la venta de una vivienda, obró de catalizador de una nueva perspectiva sobre los recuerdos.

Antes de volver al dichoso cartel, empezaré por el otro lado de la historia.

      Cuando mi madre falleció en 2005, fuimos desmontando lo que había sido su hogar. Y que había sido el mío hasta que me casé. Allí estaban los muebles que vistieron mi niñez y juventud, cuadros que prometían paisajes, adornos sobre los estantes que resumían la vida de toda la familia, libros que siempre esperaron ser leídos, muchos lo fueron. Pero aunque formaban parte de la historia familiar, el hecho de haber convivido con ellos hasta ese 2005 me privaba de ese paso atrás que precisan los artistas para ver con perspectiva su obra. Recogi…

Trovadores II: Alumbrando una canción.

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Cuando era crío, pasamos una temporada en casa de unos familiares esperando que nuestra vivienda estuviera terminada. En la habitación en la que dormía, mi prima tenía un póster que decía "Merece la pena vivir". Han pasado más de 40 años de aquello, toda una posguerra diría yo, y aquella frase sigue vigente y actual en mi mente. Mis canciones suelen girar en torno a unos pocos temas: la alegría de vivir, la libertad y los afectos. Casi siempre van unidos, de la mano, no entiendo el amor sin libertad, ni la libertad sin el amor a la vida. El amor lo envuelve todo: tu pareja, tus hijos, tu familia, tus amigos, la tierra, la patria, grande o chica, que cada uno la entienda como quiera.



Hace ya mucho tiempo que escribí una canción sobre mi visión particular de la vida, esa lucha que siempre he mantenido conmigo mismo por conservar el optimismo, por no perder esa dosis de inocencia y niñez que todos deberíamos mantener, por saber descubrir la magia de las pequeñas cosas. La titul…

La biblioteca de la buhardilla X: Ella.

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Aquel día aguardé el anochecer sentado en la playa. El murmullo del mar escondía los ruidos de la ciudad a mis espaldas. Cerca de la medianoche comenzaría la marcha que nos llevaría hasta el monasterio de Lluc. Había quedado con mis amigos en la salida, en el centro de Palma, poco antes de las doce. La espuma del oleaje se acercaba a mis pies descalzos cada vez con más ímpetu, pero aquel era un crepúsculo de agosto muy caluroso y las idas y venidas del mar no significaban ninguna amenaza.

      Encaramos los cincuenta kilómetros de caminata con jovial optimismo. Pasaríamos por pueblos y aldeas que nos ofrecerían bizcochos, empanadas, refrescos, vino y licores. Sobre todo vino y licores. Una multitud encaró la salida de la ciudad. Cientos de personas formábamos un pelotón alegre y cantarín. El cansancio llegaría después. Los primeros kilómetros fueron separándonos los unos de los otros. Fuera de las ciudades, reconocíamos las siluetas de quienes nos precedían ayudados por la lun…

Trovadores I: Escribiendo canciones.

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Si tuviera que recordar la primera vez que comencé a escribir, no sabría dar con la respuesta correcta. Ya de crío quería escribir los más hermosos cuentos de hadas, que ya estaban escritos, claro. En la pubertad intenté contar las historias de una banda de mocosos con aires de adulto, que resultaron estar ya publicadas por Enid Blyton. Así hasta que ya en la juventud, fui encontrando cosas originales para contar. Pero como decía, uno no sabe bien cómo comenzó todo.

       En cambio, el escribir canciones sí que tiene un inicio concreto y justificado. Aquello ocurrió ya en el Instituto, en 1º de BUP. En las excursiones, recreos y demás reuniones espontáneas de la clase, había un compañero que amenizaba al personal con su guitarra, cantando canciones de Tequila y, sobre todo, de Los Pecos. Carlos se llamaba aquel trovador.

      Llegué a odiar a los Pecos, y a Carlos. Y a su guitarra. Y no sólo yo, casi toda la parte masculina de la clase que, con cara de circunstancias, le hací…

Summa Artis I (Patio de butacas VI): Altamira

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"España, tan bonita y tan injusta". Estas palabras puestas en boca de Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de las Cuevas de Altamira, encajan perfectamente en una descripción sumaria de nuestro país. En realidad fue su hija quien las encontró y así lo reconoció siempre el padre.

Ignoro porqué esta película no ha tenido mucho más éxito que las discretas taquillas cosechadas. Seguramente tiene mucho que ver con la injusticia que proclamaba el protagonista. He tenido que recurrir a Amazon para comprarla, pues cuando estuve en España ya la habían retirado de cartelera, y saciar la curiosidad que la asignatura de Arte Prehistórico había despertado en mí sobre la figura de las cuevas de Altamira.

La película es excelente, salvo por el pequeño detalle de que al director se le olvida que españoles y latinos no es lo mismo, y la banda sonora parece más de un ambiente azteca que del norte cantábrico de nuestro país. Tampoco los rasgos de la mujer de Marcelino son muy españoles, ni…

Leer para escribir III (Confieso que he leído XIII): Velocidad de los jardines, Eloy Tizón.

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He de reconocer que los libros que leo suelen sufrir algún que otro ataque de mi rotulador. Unas veces para resaltar frases especialmente hermosas o que invitan a la reflexión, otras para marcar giros, expresiones, recursos literarios de los que aprender del autor. 
En el caso de "Velocidad de los jardines" me temo que tendré un problema cuando quiera releerlo, porque las palabras de Eloy Tizón andan escondidas detrás de un bosque inmenso de subrayados, anotaciones, flechas que van y vienen a los márgenes, admiraciones enmarcadas en círculos apasionados, sonrisas que a veces dibujo para resaltar mi estado de ánimo al leer.
No recuerdo cuanto tiempo hace que no aprendía tanto de una lección tan bella. El listón de escribir con decoro lo veo hoy mucho más alto que hace unos días cuando empecé a leer esta Velocidad de los Jardines. Pero también es cierto que la instrucción recibida es inmensa. Cabe tanta belleza en el relato como en la poesía, y las líneas de este libro huyen …