No dudéis de donde soy

Vivo lejos del mar que me vio nacer desde los casi 7 años. No pensaba que iba a durar tanto, pero 40 años son muchos, toda una posguerra, para que pasen sin dejar heridas en el alma, allí donde es imposible curarlas.



Nunca llegas a ser de ningún sitio. Te falta la luz natal, la única que ilumina la vida del color que te corresponde. Otras, bien te ciegan, bien oscurecen cuanto te rodea.

Las sombras se alargan o se acortan, la lluvia no es la misma lluvia, ni los sonidos los de las voces de quienes nacieron donde tú. Y cuando anochece, busco el faro que siempre fue mi norte, la luz de todos los gallegos: la torre, cuna de mis juegos, y orgullo de mi tierra. Hércules no hubiera elegido un símbolo mejor.

Siempre me he preguntado si he merecido tal castigo. Si alguien pensó en qué sentiría un niño de 6 años, arrancado de su patria. Desearía embrutecer mi carácter, no sentir nostalgia, ni pasión por la belleza, ni amor por la tierra, ni emocionarme con músicas, letras y retratos. Dios y mis padres me hicieron así, pero el lugar donde nací también. De todo ello, ya perdido, sólo me queda Dios, y, realmente, no sé si me escucha. Llevo 40 años,  40 larguísimos años, esperando que esto sólo sea una pesadilla. Qué mañana al despertar, cuando entre la luz por la ventana, sea la de todos los gallegos. Únicamente me queda que, cuando las fuerzas me abandonen, unas manos que me quieran lleven mis restos de vuelta; yo ya estaré allí. Dios prometió el cielo, y solo le pido que sea el que acaricia el faro de mi Torre de Hércules.

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