Es Navidad

Equivocaron los Mayas la profecía sobre el fin del mundo. No acabó este valle de lágrimas en la fecha prevista, entre sunamis, lluvias de meteoritos y otras catástrofes anunciadas. Tal vez, lo que su oráculo detectó y no supo interpretar es que, dos mil doce años más tarde, se repetiría la escena que tuvo lugar en Belén, cuando nació Jesús entre un buey y una mula, por mucho que el iluminado del Vaticano venga ahora a trastocarnos la tradición, en vez de dedicar su supuesta infalibilidad a exterminar pederastas entre sus tropas y aliviar el dolor de los que sufren. Si al niño Jesús no le ha importado que durante este tiempo se le acunara entre animales, dudo que vaya a presentar reclamación alguna a los millones de creyentes de buena fe, que nos negamos a dejar esas figuras en la caja del belén durante todas las navidades.

Decía que la escena se repite, fiel a los tiempos del Nazareno recién nacido. Todos somos Jesús, muchos de nosotros obligados a buscar posada, fruto de desahucios en masa, a los que el emperador presta vista gorda. Somos esclavos del nuevo Imperio, en manos de Bancos podridos, que malgastan los dineros del pueblo en orgías vergonzosas, de Políticos corruptos, que acrecientan sus riquezas robando descaradamente al pueblo en forma de grandes obras con sobreprecio, y de una Iglesia que se ha vuelto de espaldas totalmente al sufrimiento de la gente, escribas y fariseos, donde sólo se salvan sacerdotes de buena fe y laicos que con su esfuerzo personal, recogen ropas, alimentos y dinero para ayudar a sus vecinos más necesitados.

Y encima, nos quieren dejar sin el buey y la mula. Sólo faltaba eso. Hace falta una segunda venida del Señor, para que expulse del templo a los mercaderes y prometa a los pobres el Reino de los Cielos. Gracias a nuestros políticos, pobres hay más que nunca. Lo malo, es que quien tiene que predicar, no tiene la suficiente categoría moral como para alentar al rebaño.

Feliz Navidad.

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