Confieso que he leído XII: Rue des boutiques obscures, de Patrick Modiano.

Suelo ser reticente a la lectura de obras premiadas o de autores premiados. Y mira por donde con esta obra del francés Patrick Modiano he matado dos pájaros de un tiro: la novela es Premio Goncourt y su autor Premio Nobel de Literatura. No sé cual fue el detonante que me llevó hasta ella, o hasta él, pero lo cierto es que ha resultado ser un momento de iluminación importante, porque Modiano es un autor premiado con justicia.

Su prosa es ágil, concisa. Sin adornos innecesarios, ni concesiones a esa literatura recargada que tan a menudo suele reconocerse con galardones a toda luz inmerecidos. El autor va a lo que va, a contarnos una historia de una búsqueda, la de sí mismo, que emprende el protagonista, que ha sufrido un lapsus de memoria, una amnesia que él no sabe de donde procede, pero que le embarca en una investigación de lo más singular.

Modiano profundiza en las miserias del protagonista, sobre todo en lo que se refiere a su temor de que no le llegue a gustar lo que descubra sobre sí mismo. Es particularmente entrañable como el autor nos muestra la ilusión del personaje cuando sus pesquisas parecen llevarle a un pasado halagüeño y prometedor, y el contraste de estas situaciones con otras donde su historia resulta mucho más sórdida y oscura.

Como en la novela de Saramago, "Todos los nombres", el protagonista sufre a veces más por aquello que imagina que por aquello que realmente sucede. Como el portugués, Modiano juega con nosotros al tiempo que lo hace con su personaje, mostrándonos el caramelo del desenlace casi desde la primera mitad de la novela, cuando en realidad todo resulta estar mucho menos a la luz de lo que cabría pensar en un principio.

Es cierto que al haberla leído en francés, me he perdido muchos matices que deben ser importantes para la comprensión de la historia. No me importará releerla en español, ya me he hecho con ella, por cierto. Será de nuevo un gran placer leerla.

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