Confieso que he leído IX: Festejos de boda, Naguib Magfuz.

Nos la cuentas cuatro veces, desde cuatro ojos distintos, todos involucrados en la historia. Y nos explicas entonces que todo depende del cristal con que se mire, que nadie es poseedor de la verdad absoluta, y que lo blanco y lo negro pueden no estar tan separados como pensamos. Lo haría años después Luciano G. Egido en su "Fatiga del sol", con un estilo mucho más espartano pero también una hermosa novela.

Pero además, mientras te leemos, llegamos al convencimiento de que la mayoría de nosotros nunca deberíamos intentar escribir, siquiera un triste relato. Fue la primera vez que te leí, y el desánimo llegó de improviso, apenas unas líneas después del comienzo. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo describir los afectos de un hombre enamorado sin caer en la sensiblería excesiva? Tu lo consigues, y nos dejas perplejos:

"Dichoso el hombre cuyo corazón no late en vano"


¿Alguien se atreve a escribir después de esto? A mi la hoja me parece aún más blanca, como que me mira con sarcasmo diciéndome: venga, escribe. Y la dichosa frase mareando en mi memoria. Y la copio mil veces, como en el colegio el "No hablaré más en clase", aunque entonces eran sólo cien, como los años que casi llegaste a vivir. Otras novelas nos regalaste, que pasarán por aquí a rendirte memoria. Unas ya leídas, otras por leer.


Comentarios

  1. Muy sugerente. Tomo nota del libro y del blog.

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  2. Es una pequeña maravilla. Luego vendrían Café Karnak y otras, pero ésta tiene el encanto de lo nuevo para mi.

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